Somos Victoria Daona y Pedro Noli y desde 2020 pusimos en marcha Mandarinas bajo el sol, un proyecto por el que ya han pasado más de 180 talleristas individuales y más de 100 organizaciones de todo el país.
Victoria:
Nací en 1984 y dicen mis papás que celebraron la democracia al nombrarme. Nací en Tucumán, en julio. Me gusta pensar que mí mamá comió un locrito pulsudo horas antes de mí nacimiento. Ahora vivo en Buenos Aires, pero siempre vuelvo a Tucumán.
Soy Licenciada en Letras, Doctora en Ciencias Sociales, mamá de Juan y Martín y cantante tan apasionada como desafinada.
Me encantan las narrativas de infancia y las fotografías de álbumes familiares. Hace unos años armé la compilación "Escenas de infancia" junto a un grupo de estudiantes tucumanxs que jugaron a ser niñxs otra vez a partir de mirar sus viejas fotografias.
Durante 2020, junto a Pedro Noli le dimos vida a Mandarinas bajo el sol, un taller en el que todas las semanas más de 40 personas nos acompañamos en el caminito de escribir las historias más importantes de nuestras vidas.
Mandarinas nació como un antídoto para la angustia de la pandemia y se fue transformando en una comunidad vital y entrañable en la que escribimos para vivir y hacer vivir a través de nuestras palabras. Tanto escribimos en el taller, que editamos 21 libros personalizados con los relatos de nuestros talleristas. Los Libros de Mandarinas bajo el sol.
Mis canciones favoritas son es el tango "Uno" de Santos Discépolo y Mariano Mores, por eso de que "la lucha es cruel y es mucha, pero lucha y se desangra por la fe que lo empecina, y también el “Himno de mi
corazón”, por que deseo que nunca se rasgue como seda el clima de tu corazón.
Me gusta los detalles chiquititos y el sonido de las palabras utopías, farfallina y cascabel.
Pedro:
Nací el 25 de marzo de 1982 en Metán, Salta. Antes de cumplir un año nos vinimos a vivir a Tucumán con mi mamá, mi papá y mi hermano Daniel. Me gusta decir que el viaje lo hicimos en triciclo.
Casi todos los sábados de mi infancia jugué al fútbol hasta que se hizo de noche y ya un poco más grande, en la redacción de un diario, me encontré con el universo mágico de la palabra escrita.
Disfruté mucho todos los años y en todos los periódicos que trabajé en Tucumán, Buenos Aires, Madrid...aquella aventura diaria de salir a cosechar historias.
Descubrí también que me gustaba el periodismo lento, las historias completas, profundas; aquellas que detallan nuestras razones, nuestras andanzas, nuestros miedos, nuestras alegrías, nuestros dolores y nuestras simplezas.
Y quizás, en un paso más en ese camino, fuera de los medios, convivo rodeado de historias mínimas que cuentan momentos familiares sellados en el alma, sentimientos de hermandad que podrían vencer la muerte, amores inolvidables, juegos de mil risas, lugares de calma donde se encuentra el placer.
Desde el 2020, ayudo a personas que quieran escribir las historias más importantes de su vida. Sentí el privilegio de escucharlas, primero, y luego de leerlas.
Mi vida se volvió un viaje en tren, donde los pasajeros y las pasajeras subían se sentaban a mi lado, me contaban su historia y después se bajaban con la convicción de escribir sus palabras. Y yo tenía el placer de ayudarlas. Mis gracia eternas por permitirlo.
Junto a Victoria Daona en Mandarinas bajo el sol, propusimos mirarnos para adentro y encontrar allí aquellos días en que realmente fuimos felices; un campo sembrado que nos ofrecía la razón para escribir algo que valga la pluma. Lo vivimos y lo sentimos.
Y son estos mismos talleres que ahora relanzamos y que te invitamos a que te sumes.